Opinión
Mensaje de un productor de arroz al presidente Petro
Por: Juan Bernardo Serrano – Empresario

Presidente, tal vez nunca he tenido la oportunidad de conocerlo, pero día a día desde que comenzó su mandato he observado en silencio como despotrica y descalifica a todos los que no quepan en su filosofía y actuar.
Como productor arrocero, no puedo dejar pasar este sentimiento de inconformidad sobre su apreciación acerca de los arroceros, sin importar el tamaño y si son o no dueños de tierra.
Ojalá conociera un poco más qué ha sido el Arroz en Colombia, su evolución y la forma como se ha movilizado dentro del país.
Como Casanare ha sido tierra fértil para que miles de personas hayan construido proyectos de vida alrededor de este cultivo que es lícito y fundamental en nuestra seguridad alimentaria.
No merecemos ese menosprecio y ese trato déspota que no representa la dignidad de un mandatario que dice luchar por la inclusión y la equidad
Usted presidente, habla en un modo particular, que incomoda y entristece a millones de colombianos y está siendo el más excluyente e inequitativo siendo claramente incoherente.
Su forma de referirse estigmatiza a un sector de gran importancia, no solo en Casanare, sino en muchas partes del país.
Todos los productores arroceros pagamos impuestos ineludiblemente y pagamos las cuotas de fomento equitativamente al tamaño de cada productor, quienes no tenemos tiempo para pensar en las diferencias e intrigas que construye con su verbo.
Es excluyente la forma como descalifica el derecho que tienen “los grandes” a recibir beneficios o apoyo de un Estado que se nutre con los aportes de cada uno de nosotros al igual sin pensar en el tamaño.
Hoy el sector afronta una crisis que amerita un diálogo armónico para buscar soluciones a la problemática, que para mí tiene múltiples causas y muchas de ellas son responsabilidad del Gobierno Nacional.
Éstas son:
- Construcción de políticas, de absorción de cosechas, protegiendo, la seguridad alimentaria nacional y la seguridad territorial con actores que estén dentro del Marco de la Ley y el orden.
- Regular el alcance y autonomía de los gremios de Agro, buscando la democracia y la regionalización.
- Calcular el costo país que nos expone y limita nuestra capacidad competitiva, como lo es el mal estado de la Red Vial y la inseguridad.
- Construcción de una visión regional que garantice el desarrollo sostenible.
- Creación de tasas de fomento que permitan el acceso tecnológico y la agro industrialización que produzca valor agregado a los productores.
- Exenciones tributarias, arancelarias e impositivas a los bienes de capital para favorecer la empresarizacion y así mismo, la formalización que es la que tributa para mantener al Estado.
- Políticas concretas de desarrollo rural, vivienda rural y educación técnica agropecuaria para el trabajo y competitividad de los jóvenes del campo.
- Políticas de fomento y apoyo a las nuevas generaciones para que permanezcan en el campo y atraigan a muchos que viven en las ciudades.
La palabra “Business”, en el tono intrigante que usted coloca, expone a todos los que trabajamos en el campo y estamos expuestos a las afugias de la nueva triste realidad colombiana.
Hoy ha vuelto la extorsión y el secuestro, además del campante hábito de la corrupción, clientelismo y politización de la institucionalidad que tiene sus dueños y no somos los ciudadanos productivos de este país.
Le recuerdo presidente, que “los grandes“ tributan también ayudando a pagar la nómina clientelista y burocrática que carcome los presupuestos y frena la inversión pública para el desarrollo.
Hoy más que nunca se hace necesaria la concertación y la participación de todos los miembros de la cadena productiva.
Con el respeto que su dignidad merece, lo invito a tratarnos a todos los ciudadanos y trabajadores, por igual con los derechos que nombra la Constitución, y que usted ha querido obviar con su lenguaje excluyente e inequitativo, no más descalificación y lenguaje incendiario que siembra la discordia y reciente a los más vulnerables.
Opinión
¿Cómo recuperar 300 mil millones de pesos del IVA para la media Colombia en el presupuesto?
Por: Juan Carlos Niño Niño – Magíster en Gobierno del Territorio y Gestión Pública Territoriales, Pontificia Universidad Javeriana.

Una prueba de fuego tiene la bancada de la Media Colombia desde este lunes en la discusión del Presupuesto General de la Nación 2027, porque es ni más ni menos que intentar recuperar más de trescientos (300) mil millones de pesos, a través de la reliquidación de las utilidades que le corresponde a esta región, por el recaudo a nivel nacional del Impuesto sobre las ventas o Impuesto al Valor Agregado (IVA).
Esta fue una iniciativa del Representante de Casanare Diego Fernando García Alfonso (Partido Verde), quien propuso a esta bancada suscribir una carta con esta solicitud a las Comisiones Económicas del Congreso, cuando la nueva versión del proyecto de ley de Presupuesto fue radicada por el entrante Gobierno, y que se materializó además con una proposición modificativa a esta iniciativa legislativa, presentada por el Representante de Arauca Manuel Pérez Rueda (Centro Democrático), y que posteriormente fue acogida y suscrita de manera unánime por esta bancada.
El génesis de esta reliquidación se encuentra en los Artículo 2, 9 y 10 de la Ley 16 de 1986, en donde se establecen los términos de la participación de los ahora Nuevos Departamentos en el impuesto sobre las ventas –aproximadamente el 0.5 por ciento- y que mantiene vigente el Numeral 3 del Artículo 359 de la Constitución Política, al darle continuidad a las transferencias “que, con base en leyes anteriores, la Nación asigna a entidades de previsión social y a las antiguas intendencias y comisarías”, y es ahí donde precisamente se encuentra un desfase en lo que debe recibir esta región y lo que efectivamente se le asigna en el proyecto de ley del Presupuesto.
La proposición de la bancada de la Media Colombia –redactada ésta por el Representante Manuel Pérez, en coordinación con el Representante Diego García- modifica el anexo del proyecto de ley del Presupuesto 2027, “Ley 12 de 1986: Cesión de 0,5% de IVA a las Antiguas Intendencias y Comisarías”, en donde una vez adelantada la reliquidación del caso, se sustituye el monto $326.997 millones, por el de $585.682,9 millones de pesos, lo que en otras palabras significa que las antiguas Intendencias y Comisarías recibirían el año entrante por el IVA, una importante suma que supera el medio billón de pesos.
Coletilla: Este lunes a la 1 y 30 de la tarde, la bancada de la Media Colombia, más los gobernadores y secretarios de hacienda de los Nuevos Departamentos –incluido el mandatario de Casanare César Ortiz Zorro y su secretaria de Hacienda Gloria Rivera Gómez- arribarán al neoclásico y emblemático Salón Elíptico del Capitolio Nacional, para asistir a la sesión de las Comisiones Económicas del Congreso, en donde se está próximo a aprobar el monto total del Presupuesto Nacional 2027 -634,9 billones de pesos- para aprestarse a discutir hasta el 20 de octubre el correspondiente articulado y anexos del proyecto de ley.
Sin duda esta intervención será oportuna y eficaz para los Nuevos Departamentos, no sin antes recomendar un dialogo directo y claro con los coordinadores ponentes del proyecto, quienes en últimas son los que terminan concertando y definiendo con el Gobierno los renglones y montos del Presupuesto, incluso más que lo que se pueda conseguir en las respectivas sesiones de estas Comisiones y las Plenarias de Cámara y Senado. ¡Buena suerte!
Bogotá D.C., domingo 13 de septiembre de 2026.
Opinión
Casanare: entre las viejas posturas políticas y el despertar de una nueva generación
Por: Fanny Pérez

En el departamento de Casanare, la política ha transitado durante años por caminos conocidos. Liderazgos tradicionales, estructuras consolidadas y dinámicas que, aunque han permitido cierta estabilidad, también han limitado la renovación de ideas y la participación de nuevas voces.
Hoy, más que nunca, el territorio enfrenta una tensión silenciosa pero determinante: continuar bajo esquemas políticos que responden a lógicas del pasado o abrir paso a una transformación donde la ciudadanía —y especialmente los jóvenes— se conviertan en protagonistas reales del futuro.
Las posturas políticas en Casanare han estado marcadas por una fuerte influencia de liderazgos individuales, donde el poder se concentra y las decisiones suelen responder a intereses particulares o coyunturales. Esto ha generado, en muchos casos, una desconexión entre la política institucional y las necesidades reales de la gente. La consecuencia es evidente: apatía, desconfianza y baja participación ciudadana.
Sin embargo, hay una fuerza que empieza a emerger con claridad: la juventud.
Los jóvenes de Casanare no son ajenos a los problemas del territorio. Por el contrario, son quienes enfrentan con mayor crudeza las brechas en educación, empleo, acceso a oportunidades y participación. Pero también son quienes tienen la capacidad de pensar distinto, de cuestionar lo establecido y de proponer nuevas formas de hacer política.
El problema no es la falta de interés. Es la falta de espacios de participación reales.
Durante años, la participación juvenil se ha limitado a escenarios simbólicos o consultivos, donde su voz se escucha, pero rara vez se traduce en decisiones concretas. Se les invita, pero no se les incluye. Se les reconoce, pero no se les empodera.
Y ahí está el gran desafío: pasar de la participación decorativa a la participación incidente.
Casanare necesita que sus jóvenes no solo voten, sino que también lideren. Que hagan parte de la construcción de políticas públicas, que ocupen espacios de decisión, que se formen políticamente y que entiendan que el ejercicio del poder no es exclusivo de unos pocos, sino un derecho y una responsabilidad colectiva.
Pero esto no puede recaer únicamente en ellos. También es responsabilidad de quienes hoy ocupan posiciones de liderazgo abrir las puertas, generar confianza y construir puentes intergeneracionales. La política no puede seguir siendo un club cerrado.
Es momento de entender que la renovación política no es una amenaza, sino una necesidad.
Un Casanare próspero y productivo —como muchos lo soñamos— solo será posible si se fortalece el tejido social, y eso implica incluir a quienes históricamente han estado al margen de las decisiones. La juventud no puede seguir siendo el futuro; debe ser el presente.
Porque cuando los jóvenes participan, la política cambia. Se vuelve más transparente, más creativa, más conectada con la realidad.
Y quizás, solo quizás, sea ahí donde Casanare encuentre el camino hacia una verdadera transformación.
Posdata: Muchos se preguntan ¿quién es el poder detrás del poder?
Opinión
De los robos, hurtos o atracos a este columnista
Por: Juan Carlos Niño Niño – Asesor Legislativo – Escritor.

Un ligero escalofrío siento cuando caigo en cuenta de las innumerables veces en que he sido víctima de un hurto -especialmente atraco- por lo que a estas alturas me siento a reflexionar en qué medida ha sido mi responsabilidad, o la simple y llana realidad de vivir en uno de los países más inseguros del mundo, en donde la Encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana del DANE en 2024, revela que “el 2,9% de las personas de 15 años y más informaron haber sufrido hurto a personas al menos una vez durante 2023”.
Es más, se podría decir que los atracos son comunes en mi vida, y casi como una sentencia aterradora estoy condenado a que siempre aparezcan a lo largo de los años, iniciando a mediados de los noventa cuando a las 10 de la noche se me ocurrió salir por las desolada Avenida Pradilla de Chía (Cundinamarca) -una población envuelta además en una atmósfera lúgubre, tétrica y misteriosa- con el fin de tomar un aire después de muchas horas de lectura, por allá en los últimos semestres de mi carrera de Comunicación Social en la Universidad de la Sabana.
Era una noche húmeda y nublada, no era fácil caminar entre los charcos de agua y las luces incandescentes de los autos, que retornaban de la Capital del País y recién tomaban la Avenida Pradilla, reconocida ésta a finales de siglo por su alta peligrosidad para los transeúntes -ignoró si actualmente esto cambió, porque la Avenida se convirtió en un vasto y moderno complejo de centros comerciales- cuando de repente aparecen cuatro individuos jóvenes, en donde sin mediar palabra uno de ellos me encañona y exige en tono suave entregar cada una de mis pertenencias.
El individuo del revólver era aparentemente el líder de banda, y al escuchar mis súplicas de que era estudiante y no cargaba un solo peso en el bolsillo, sonrió con compasión y dejó ir a este columnista, argumentando que no se ensañaba con carentes estudiantes universitarios –las oraciones de mi Mamá- siendo muy distinto a la frialdad y violencia con la que fui víctima el año pasado de un motociclista en el barrio Parque Central Salitre en Bogotá, quien se montó en un andén en donde transitaba, y por la espalda me arrebató el celular -mientras hablaba por éste- para después golpearme en la cabeza con el mismo, con el fin seguramente de evitar cualquier reacción.
Era víctima de un segundo atraco en motocicleta. El primero fue en las antepasadas elecciones al Congreso en Yopal (Casanare), cuando caminaba por el sector de El Hobo hacia el Centro Comercial Unicentro, cuando de repente un motociclista joven me alcanza y con suma agilidad me arrebata el morral –lo cargaba en un solo hombro- con la diferencia que mis gritos de auxilio casi lo hacen caer cuando voltea por la carrera 29.
Y en contraste con mi total impotencia cuando a principios de Siglo me bajé a la 11 de la noche en la Estación Simón Bolívar de Transmilenio sobre la Carrera 30 en Bogotá, y sobre el puente metálico me abordaron cuatro sujetos, incluido un niño de unos once (11) años de edad, quien de repente no dudó en apuñalarme en el hombro derecho, al oponer resistencia cuando me llevaban cuesta abajo de la escalera a una zona boscosa –entre el Parque de los Novios y la red férrea por la que pasa el Tren Turístico de La Sabana- en donde por un milagro de Dios una pareja habitantes de calle aparecieron y enfrentaron a los delincuentes, para acompañarme después a Urgencias del Hospital Infantil Universitario de San José.
Unos robos no han sido tan peligrosos pero no por eso menos significativos, como cuando un individuo me hace el cambiazo de tarjeta en el BBVA central de Yopal, para después constatar que en treinta (30) segundos vació mi cuenta de ahorros, o como cuando le quitaron una llanta trasera a mi recién estrenado Onix Chevrolet “El Palomo”, al dejarlo parqueado en una esquina del tradicional Barrio Modelo en Bogotá, mientras tomaba alegre un café en un tradicional panadería de ese sector, y a pesar de que un familiar me advertía una y otra vez los riesgos de dejar en la calle el automóvil, pero que desafortunadamente pudo más mi excesiva confianza y el entusiasmo de la conversación.
Uno de los robos más dolorosos fue cuando en el año 1998 desocuparon mi casa en el barrio Libertador de Yopal –actualmente Restaurante Sebiche- y que fue ejecutado por una joven que se comprometió en cuidar la vivienda en diciembre, cuando viajamos con mi Mamá en esa época del año a la Capital del País, aún más lamentable cuando esa delincuente era de una familia que residía en el barrio, que de todos modos aclaro la misma no tuvo nada que ver con el hurto, pero que tampoco nos ayudaron a localizarla –probablemente le temían- lo que si logré cuando una vez me llamaron al Congreso y me informaron que estaba hospitalizada en el sur de Bogotá, pero que infortunadamente no se pudo hacer nada al no contar con una orden de captura o un proceso judicial como tal.
El lector seguramente estará molesto con este Columnista, al constatar que este conjunto de insucesos ha sido por mi total negligencia, cuando un par de medidas elementales pudieron ser suficientes para evitarlo, por lo que reconozco la falta de responsabilidad –en parte por mi lejana juventud- o probablemente mi carácter distraído y práctico para no prever las cosas, pero que con el paso de los años si me ha servido para acumular una serie de lecciones aprendidas, haciendo ajustes y correcciones para preservar mi integridad y mi patrimonio, siendo consciente que de todos modos nunca se está exento de un acto delincuencial, pero haciendo el sagrado juramento de que el mismo no se va volver a cometer por mi imperdonable descuido, o como me gritaba mi Padre cuando olvidaba cualquier cosa: ¡Por estar pensando en las huevas del gallo!
Coletilla: A principios de los noventa, un violento atraco en la Avenida Pradilla en Chía, propició el encuentro con una de las mujeres más bellas que fugazmente han estado a mi lado, y que siempre veía cuando presurosa salía de una casona blanca de dos plantas al borde de esta Avenida, mientras este Columnista caminaba a clases en el campus de la Universidad de la Sabana.
Era Maritza Robayo –no tengo ni idea que fue de su vida- Estudiante de Enfermería Jefe en la misma universidad, quien siempre me impactaba sus grandes ojos castaños y su altivez ecuestre al caminar –con un cabello rizado y ondulado que alcanzaba la altura de los hombros- luciendo en su alto y delgado cuerpo de modelo unos jeans bota campana y una chaqueta de cuero marrón, que hacía juego con su piel trigueña y una facciones tranquilas, con quien nunca se me ocurrió siquiera cruzar una sola palabra.
Una mañana venía de la Universidad a la casona blanca –en donde después fue construido un centro comercial- y al verme de inmediato rompió en llanto, sin dejar de advertir que por favor tuviera cuidado, que un par de individuo la acababan de atracar -despojándola de todas sus joyas- y que muy seguramente me los encontraría antes de llegar a la Universidad.
Ese sería el inicio de una de los romances más fugaces pero inolvidables de mi vida, porque tuve la oportunidad de compartir con una joven que hacía suspirar hasta las piedras, caminando tomados de la mano con mucha ilusión en Centro Chía –mi amado y nostálgico centro comercial- y aunque fue una vivencia extremadamente breve, se convertiría en unos de los más hermosos recuerdos de mi juventud. ¡De las cosas buenas de la vida!

