Opinión
¿El Zorro batalla con todos los vientos en su contra?
Por: Reynaldo Sierra Hernández – Periodista

Esta fotografía en la que aparece el gobernador de Casanare César Ortiz Zorro alcanzando su mano tímidamente para saludar al Senador Josué Alirio Barrera de Casanare en presencia de la actual Senadora Sonia Bernal, deja mucho que decir frente a la realidad política que podría estar enfrentando el gobernante departamental de Casanare de cara a las múltiples propuestas que ha querido enmarcar en su Plan de Desarrollo 2024-2027.
Y lo expreso, porque políticamente hablando, de los cuatro congresistas con los que cuenta Casanare, el Senador Josué Alirio Barrera y el Representante a la Cámara Vladimir Olaya son de la tolda opositora del Centro Democrático y el Representante Hugo Archila es del Partido Liberal quien también pertenece a una tolda que ha puesto en tela de juicio algunos proyectos del presidente Gustavo Petro.
Así las cosas, su única ficha sería la senadora Sonia Bernal, pero para nadie es un secreto que sus diferencias políticas del pasado podrían zanjar ciertas actitudes de indiferencia ante las ambiciones del actual gobernador casanareño, no obstante, ese panorama podría cambiar, pero hay quienes opinan que no es un horizonte muy halagüeño el que se divisaría en un futuro inmediato, por esto de que la senadora se enfoca más en temas sociales como la Defensa de los DDHH y la participación de la mujer en el panorama nacional (llegarán a Casanare solo grandes eventos con encopetados participantes y de ahí, no se pasará) y, realmente, los proyectos de Zorro no estarían en su agenda.
Aunque el gobernador se le ve en trabajadas fotografías luciéndose al lado de ministros y funcionarios públicos del orden nacional, y se anuncian visitas compromisorias que dicen respaldar proyectos del mandatario casanareño, falta ver y no perder la esperanza, de ver cristalizadas tantas buenas intenciones beneficiando a quienes creen que se podrá alcanzar la meta de ver a un departamento industrializado, con buenas vías intervenidas, un sistema de salud acorde con las necesidades de la gente y, sobre todo, un territorio pacificado donde el empresariado realmente tenga la tranquilidad de invertir.
¿Qué pensará Gustavo Petro de Casanare en estos momentos cuando tres de los congresistas antagonizan sus propuestas de frente y sin anestesia?
Aunque en un pasado cuando se hablaba de gobierno amigo, no fueron muchos los aciertos, salvo algunas obras que quedaron en expectativa y otras que se hicieron gracias a las regalías petroleras, caso que es de obligatoria inversión, porque sería el colmo que no hubieran hecho algo, lo cierto es que César Ortiz Zorro se debate entre seguir “solito” buscando consensos con el Gobierno Nacional y apagar los incendios que le provocan sus paisanos casanareños enquistados en el congreso, o buscar un diálogo efectivo y eficaz con estos cuatro congresistas para que como bloque casanareño puedan acercarse al presidente Petro y buscar la financiación para las grandes obras que se le han vendido públicamente a los casanareños a través de las constantes y repetidas apariciones en redes sociales.
A este paisaje político toca añadirle otro componente y es que la política criolla, a veces perversa, se entreteje en un sinnúmero de celos que por ser de toldas políticas tan diversas y distantes, podrían motivar a que nunca se viabilice un acercamiento de interés común a todos pensando en el pueblo y, empero, cada quien por su lado quiera opacar las gestiones del otro buscando calar en sus futuras aspiraciones políticas individuales.
En otras palabras, a Alirio Barrera no le conviene que a César Ortiz Zorro le vaya bien como gobernador, por esto de que su partido político perdió las elecciones a la gobernación, y ese es un fortín que buscarán recuperar en el 2027, así mismo, estarán pensando los demás tres congresistas incluida Sonia Bernal por esto de que uno de sus sueños y por los que trabajó tanto tiempo es ser gobernadora de Casanare, y quien me asegura que en lo mismo no podrían estar pensando los representantes Vladimir Olaya y Hugo Archila.
La gente en la calle dice que “la política es sucia”, y es esa agua putrefacta con la que podríamos ver que se estarían bañando en estos dos años que le restan a los actuales congresistas o bien para captar votos y oxigenar a sus toldas políticas, o mal para apabullar la gestión del actual gobernador, porque nadie hace buenas campaña política ni se sube al trono hablando bien de sus enemigos, sino por el contrario, echándole todas las culpas por la posible debacle que se llegue a presentar o de la que puedan inventar cuanta patraña posible, como se evidenció en el anterior proceso político a la gobernación donde pululó el nauseabundo rigor de la mentira y la calumnia de parte y parte.
A César Ortiz Zorro no le queda un camino expedito, pero todo dependerá de su habilidad para seguir encantando con su sonrisa al gobierno Petro y sus emisarios que seguirán llegando a Casanare y se devolverán a Bogotá maravillados por la belleza de este departamento, pero con el sinsabor de ver como esta tierra ha tenido la desventura de contar con líderes políticos que sólo han puestos los intereses personales como prioridad en sus vidas utilizando a las masas votantes para sus caprichosas ambiciones.
En estos dos años venideros veremos si sirvió para algo contar con la presencia de cuatro congresistas y si César Ortiz Zorro tiene la capacidad de gobernar con todos los vientos políticos locales en su contra.
Opinión
Le salió mal la obra de teatro
Al descubierto hombre que habría simulado accidente de tránsito para intentar evadir la responsabilidad en la muerte de su hijo y una mujer en Bogotá.
Los cuerpos de las víctimas presentaban condiciones y heridas no compatibles con un siniestro.
La investigación dirigida por la Fiscalía General de la Nación con ocasión de la muerte de una mujer y su hijo de 10 meses, cuya causa preliminar se asoció con un accidente de tránsito ocurrido la madrugada del 12 de diciembre de 2025, en el barrio Bosque Popular, en inmediaciones del Jardín Botánico de Bogotá, permitió obtener elementos materiales probatorios que dan cuenta de un doble homicidio que habría sido perpetrado por el padre del menor de edad. Inicialmente, los organismos de socorro y de rescate que atendieron la emergencia encontraron un vehículo subido a un separador vial y colisionado de frente contra un árbol.
Dentro del automotor encontraron a una mujer y a su bebé sin signos vitales, y a un individuo inconsciente. Las actividades de policía judicial realizadas por el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) y los análisis del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses evidenciaron que la madre presentaba una herida en el cuello ocasionada con arma cortopunzante.
Entre tanto, el niño registraba lesiones que serían compatibles con una agitación violenta de su cuerpo, conocida como zarandeo, sucedida antes del supuesto siniestro.
Videos de cámaras de seguridad, muestras biológicas recuperadas en el automotor y otras evidencias dan cuenta de que el hombre recogió y trasladó a la mujer, al sector de Villa Luz para recoger al menor de edad.
Con el niño en el carro la mamá se percató que estaba muerto y reclamó airadamente, por lo que su acompañante presuntamente la atacó con un cuchillo.
Posteriormente, con el propósito de evitar que fuera descubierto, el señalado agresor limpió el vehículo, desapareció algunos artículos que lo comprometían, chocó el automóvil para dar la apariencia de una colisión y acomodó el cuerpo de la mujer en la silla del conductor para aparentar que iba al volante.
Con algunas lesiones esperó en la parte del copiloto a que fuera atendido por las autoridades. Por estos hechos, un fiscal de la Unidad de Vida de la Seccional Bogotá le imputó los delitos de homicidio y feminicidio, las dos conductas agravadas; además de ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material probatorio.
Los cargos no fueron aceptados por el procesado, que deberá cumplir medida de aseguramiento en centro carcelario.
Opinión
Es María Corina, no Delcy
Por: Joel Morales, periodista y activista político
La verdadera líder venezolana encarna precisamente todo lo que la administración Trump busca en sus aliados
Aquella mañana del 3 de enero, cuando el presidente Trump compareció ante los medios por primera vez tras el éxito de la operación “Resolución Absoluta” —que acabó con la captura de Nicolás Maduro—, dijo que María Corina Machado no contaba con el “apoyo” ni el “respaldo” dentro de Venezuela para asumir en ese momento la transición. Esto causó una enorme confusión en el país, especialmente entre miles de ciudadanos que no entendieron lo que quiso decir.
Respaldo y apoyo, tanto interno como externo, es lo que le sobra a María Corina; el presidente Trump lo sabía en ese momento y hoy lo sabe aún más. La líder nacional —y esto es a lo que se refería el norteamericano— con lo que no contaba era con apoyo dentro de los círculos más chavistas de las Fuerzas Armadas, esos que sí podían poner en riesgo la estabilidad del país y obligar a Estados Unidos a gastar miles de millones de dólares manteniendo tropas en el terreno para sostener un posible gobierno de Machado.
Desde entonces, la premio Nobel de la Paz ha visitado dos veces la Casa Blanca para sostener encuentros privados con el presidente, su equipo y, por supuesto, el secretario Marco Rubio. A todo ello hay que sumar una llamada informal que el pasado fin de semana Trump le hizo a Machado, 24 horas después de su última reunión. Durante una cena con una alcaldesa de Florida y miembros de su equipo, el presidente estadounidense tomó el teléfono, marcó a la venezolana y le dijo: “Todo el mundo te ama acá”. Si esto no demuestra las buenas relaciones entre estos dos aliados, no sé qué lo haría.
LAS RELACIONES CON RODRÍGUEZ SON MERAMENTE TRANSACCIONALES
No creo que fuese necesario hacer toda esta aclaratoria, pero hay que desmontar ese mito popular que viene cuajando incluso entre sectores opositores: el supuesto “Trump se está entendiendo con Delcy”. Al contrario, es Delcy la que se entiende con Trump, la que cumple órdenes. Y eso no lo decimos nosotros, sino el propio presidente estadounidense, quien manifestó el mismo sábado y horas antes de llamar a Machado, que Delcy “está haciendo un gran trabajo, pero digo eso porque hace todo lo que pedimos; si no lo hiciera, no lo diría”. Las diferencias en el trato saltan a la vista.
¿Cuántos años hemos escuchado que la oposición venezolana es la servil lacaya del “imperialismo”? Parece que los papeles se han invertido y el interinato chavista se ha encargado de posicionar su nuevo discurso de ser aliados de los Estados Unidos que despreciaron durante décadas.
Lo cierto es que, en la visión estratégica de Washington, Delcy es la mujer de tareas. La “office girl” que debe llevar a buen término los trabajos delegados desde la Casa Blanca hasta que se concreten las elecciones libres y Venezuela sea un nuevo país.
En contraposición, María Corina —una centroderechista pro libre mercado y quien además defiende el postulado de una Venezuela que también sea garante de la seguridad de la región y el hemisferio— representa para la Casa Blanca la instauración y continuación de una alianza de cooperación permanente entre Caracas y Washington. La verdadera líder venezolana encarna precisamente todo lo que la administración Trump busca en sus aliados.
Las relaciones con Rodríguez son meramente transaccionales. Rodríguez cumple órdenes y lo hace únicamente porque sobre su “gestión” pesa la “bota militar yankee”. En cambio, las relaciones con la Venezuela que viene —que en un primer momento será gobernada por María Corina, porque de su liderazgo no duda nadie, ni el propio chavismo— sí serán de respeto, colaboración y de alto nivel.
Dudar del respaldo de María Corina, tanto en Venezuela como fuera de ella, así como de la visión que la administración Trump tiene de ella, es comprar el relato chavista; un relato que ya no puede sostenerse, un relato vacío que ni sus propios adeptos aceptan ya. En lo personal, cada vez que me siento con un chavista en la mesa, lo primero que me preguntan es: “¿Cómo va María?”. Les quita el sueño, y eso nos debe mantener a los venezolanos de bien en una profunda calma.
La respuesta a todo, durante este momento político, tiene que ser: María Corina. Ella visita la Casa Blanca y se sienta con Trump, recibe sus llamadas amistosas. Delcy recibe a miembros del gabinete y las llamadas de Rubio para esperar las nuevas órdenes. En el camino hacia la libertad venezolana, tanto Washington como los venezolanos lo tenemos claro: es con María Corina.
Artículo tomado de la página SUBVERSIÓN EN LETRAS
Opinión
El cruel espectáculo de los rendidos
Por: David Caballero – periodista, con sede en Madrid (España).
Con las cosas que se ven en redes sociales, cualquiera podría observar con admiración la actitud de entrega, compañerismo y fraternidad que algunos “líderes” políticos venezolanos muestran hacia los presos políticos, sobre todo al ver cómo se acercan a sus hogares para abrazarlos tras algunas excarcelaciones ocurridas en las últimas horas.
Tomás Guanipa, quien junto a Capriles Radonski es fundador y líder del partido colaboracionista Unión y Cambio, se apresuró a visitar y abrazar a los excarcelados, no sin antes asegurarse de que toda Venezuela lo viera a través de sus redes sociales. Por supuesto que todos queremos que se detenga la persecución y el encarcelamiento de quienes desean un cambio en Venezuela; por supuesto que todos queremos que se vacíen las cárceles y mazmorras que usa la dictadura para secuestrar a quienes le resultan incómodos; y claro que todos apostamos a la desestalinización del país y queremos volver a abrazar a tantos compañeros que hoy están injustamente privados de libertad. Nadie cuestiona esto.
El asunto es que, como hemos aprendido en tantos años con las acciones de tipos tan camaleónicos como Tomás y Capriles —a quienes también podemos sumar a Manuel Rosales—, son gente que no da puntada sin dedal. Cada movimiento que hacen está calculado, cada acción que ejecutan tiene un objetivo y cada visita que realizan tiene un propósito.
Lo primero que hay que tener claro es que estos personajes quieren anotarse las excarcelaciones como un triunfo de su “alta capacidad” para la política y la negociación, tratando de ocultar que estas excarcelaciones —mínimas aún— no habrían sido posibles si Maduro no estuviese en una cárcel federal en Nueva York, asunto del cual, por cierto, ellos mismos se burlaron durante meses.
O quizás Tomás, designado ahora como diputado en la Asamblea Nacional que administra con puño de hierro Jorge Rodríguez, está realizando alguna investigación sobre los abusos a los que son sometidos los presos políticos en Venezuela, para luego levantar un informe y elevarlo a organismos internacionales. Podría dársele el beneficio de la duda, pero como ya sabemos que hace meses decidió ser parte de la servidumbre del chavismo, es claro que este no es su propósito.
Lo cierto es que tanto Tomás como Capriles están metidos en una campaña de relaciones públicas. Luego de acumular varios desaciertos políticos, están enfocados ahora en mejorar su imagen, y la mejor manera de hacerlo es hacer creer que son ellos los grandes negociadores de las excarcelaciones.
Pero además, en el terreno político, necesitan fortalecerse. Tras la humillación sufrida por Unión y Cambio en las elecciones regionales y parlamentarias de mayo de 2025 —y más tarde en las municipales, en las cuales no pudieron ni siquiera retener la Alcaldía de Maracaibo, principal bastión opositor del país—, donde el ciudadano común decidió mantenerse firme en la defensa del 28J y no regresar a las urnas con los mismos estafadores, están obligados a arrastrar dirigentes a su causa, y para ello necesitan líderes frescos, que nadie pueda ligar de alguna manera con el chavismo o sus lacayos.
Básicamente, por ahora se anotan un triunfo artificial y compran conciencias. No digo que todos los excarcelados vayan a caer de rodillas en Unión y Cambio —que ni se une con la mayoría de los venezolanos ni cambia nada—, pero ya hay quienes aceptaron, erróneamente, esa oferta.
Mientras ellos montan ese teatro de benevolentes y abnegados líderes, en la misma familia Guanipa hay quienes sufren porque aún no saben nada del paradero del líder nacional de Primero Justicia, Juan Pablo Guanipa. Su hijo Ramón, también sobrino de Tomás, mantiene una campaña en solitario por saber de su padre, a quien aún no liberan a pesar del anuncio hecho el pasado jueves por Jorge Rodríguez, sin que el hermano/tío al menos escriba un tuit.
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